sábado, 24 de marzo de 2012

CRUCERO BRISAS DEL MEDITERRÁNEO, Pullmantur, día 1

2 de Octubre de 2010

La mañana del día que embarcamos nos levantamos emocionadísimos. A las siete de la mañana ya no había quien durmiera más... El barco no zarpaba hasta las cinco de la tarde y el embarque era a las doce. Pero como no teníamos nada mejor que hacer, desayunamos en el hotel (buffet, 7€ por persona) y nos fuimos hacia el monumento a Colón. 

                                                                                                                                         



Justo en frente de éste, hay una parada de autobuses donde se coge el autobús azul (T3 Cruisers) que es el que te va a dejar en el muelle para coger el barco. Nosotros preguntamos al conductor y nos dijo que era muy pronto para ir hacia allí, que no nos iban a dejar entrar jejeje. No eran más de las nueve de la mañana y decidimos hacerle caso al amable conductor y sentarnos un ratito para hacer algo de tiempo. El día se presentaba oscuro...¡pero muy bonito!


Veíamos como la gente que acababa su crucero bajaba del autobús con sus maletas y con unas caritas...todo lo contrario a nosotros, que la sonrisa nos iba de oreja a oreja. Cuando empezamos a observar que la gente ya se subía en el bus (sobre las diez y cuarto de la mañana) nos fuimos hacia allí y le preguntamos de nuevo al conductor si podíamos ir ya hacia el muelle. El conductor nos preguntó qué crucero íbamos a hacer y nos dijo que sí, que subiéramos y que nos bajáramos en la segunda parada. No tiene pérdida, se ve el barco y ya sabes donde tienes que bajarte. El precio del autobús es de 2€ por persona y no sirve la T10. El billete sólo se puede comprar en el mismo bus y en efectivo y tiene una frecuencia de 30 minutos.

Mientras íbamos hacia el muelle vimos un primer barco de cruceros: un x-cruises... guauuuuuuuu ¡qué pedazo de barco! El Sovereign al lado de éste se quedaba en nada... Pero no importaba, a mí me daba igual, ya me parecía impresionante incluso al lado del gigantesco x-cruises.

Lo primero que hicimos cuando llegamos fue soltar las maletas. Los puestos de facturación de equipaje se ponen fuera de la terminal y cuando llegas lo único que tienes que decirles es tu número de camarote. Pegan en tu maleta la pegatina y ¡bien! ¡ya sin cargar de maletas una semana! He de deciros que no tuvimos que hacer ninguna cola ejeje, esto fue porque llegamos temprano, que después vimos a la gente en una cola enormeeeeeee.

Después, entramos en la terminal para hacer el check-in. Allí, una mujer muy amable nos hizo las fotos para identificarnos con la tarjeta (que sonriente salía yo en la foto  :D ), nos dio la tarjeta de embarque y rellenamos el papel de la cuenta a bordo. Como ya os he explicado, optamos por dejar un depósito en efectivo, y aunque en el contrato ponía que había que dejar 200€ por persona, en recepción sólo me pidieron dejar las propinas (finalmente dejé más dinero, mejor que sobre a que falte y era un lugar seguro donde guardarlo).¡La chica nos dio una letra para el embarque: la B (o sea, que alguien se nos había adelantado, ya no quedaba letra A).

Ahora sólo quedaba esperar. Nos dimos un paseo por la terminal, nos tomamos un batido, me fumé un par de cigarros e hicimos el tonto con la cámara de vídeo y un paraguas como micro... Así hasta que a las doce más o menos avisaron por megafonía que los grupos A y B podían embarcar...¡BIENNNNNNNN, allá vamos! Subimos las escaleras mecánicas y atravesamos la enorme grúa que nos llevaba hasta el Sovereign. Por primera vez lo ves de cerca y empiezas a sentirte pequeño.



Entras por recepción y ya tienes allí a los camareros sonrientes y amables dispuestos a ayudarte.

Nos preguntaron cuál era nuestro camarote (el 8008) y nos dijeron que esperasemos a que hubiera otra pareja con camarote en la misma cubierta para llevarnos hasta la puerta a ambas. Al momento entró otra pareja para la cubierta 8 y un camarero nos acompañó a los cuatro hasta la puerta de nuestros camarotes. ¡Qué emoción! Metí la tarjetita y abierto... ays, qué bonito. El camarote era exterior con vista obstruida, esto quiere decir que por la ventana se veían los botes salvavidas. ¡Pero no importaba! Se veía el mar... qué paz y qué tranquilidad. He de decir que en nuestro camarote entraba mucha luz, si bien es cierto que estábamos en proa (parte delantera del barco) y que la ventana sólo cogía un trocito del bote salvavidas. Además, los botes salvavidas no van pegados a la ventana ejejeje Yo la verdad es que recomiendo este tipo de camarotes si se quiere ir en un exterior sin gastar demasiado dinero. Al fin y al cabo al camarote solo se va a dormir.

Lo primero que vimos fue que las camas estaban separadas  :-( Este problema nos lo solucionó nuestro camarero de piso. Por la noche ya teníamos las camas juntas, convertidas en una de matrimonio. La cama era super-cómoda (o puede ser que llegaramos siempre reventados jejeej). Dormimos del tirón todas las noches. Encima de la cama había una postal de bienvenida, deseándonos una feliz luna de miel y con un par de regalitos.  


Miramos el armario, los cajones... todo perfecto: perchitas en el armario, los chalecos salvavidas y una caja fuerte. El cuarto de baño no estaba mal, yo me lo esperaba más pequeño. La ducha era una gozada, el grifo tiene regulador térmico y mmm qué gustito después de un día de excursión. En la ducha también había una cuerdecita, para tender cualquier cosita. En el tocador un montón de papeles con información de los servicios del barco y el primer diario de a bordo. 
Por cierto, el camarote super-limpio. Pasan dos veces al día a limpiarlo y eso se nota. 

Después de la primera inspección del camarote, nos fuimos a hacer lo mismo en el resto del barco. Yo creo que lo vimos entero el primer día jejeje. Miramos por todas partes, nos perdíamos un poco con los ascensores (los hay que suben hasta arriba, otros que sólo llegan a la cubierta 8...) y cotilleábamos por todas partes. Cuando llegamos al buffet ¡ya había gente comiendo! Claro que sí, hay que empezar pronto a reunir esos  2 ó 3 kilitos que te traes de recuerdo jejejeje





Después de comer, fuimos a recepción a dejar el depósito y volvimos al camarote. Las maletas ya estaban en la puerta del mismo y nuestro camarero (Theo) vino a presentarse. Deshicimos las maletas y nos fuimos a la fiesta de bienvenida de la cubierta 11. La animación en el Sovereign es alucinante. Siempre hay algo que hacer. Nosotros nos tomamos el viaje con mucha calma y buscamos los lugares del barco más alejados de los "chillones" (como llamaba yo cariñosamente a los animadores). Todo depende de cómo te quieras tomar el viaje, hay para todos.

A las cinco de la tarde el barco estaba listo para zarpar, tocó la bocina, las grúas se retiraban...¡sí, sí!¡qué emoción! ¡qué nos vamossssssssssss! y justo la alarma... ohhhhhhhhh toca hacer el simulacro de emergencia  :-(  Nos quedamos sin ver cómo nos alejábamos de Barcelona. Todo el mundo hacia su camarote, a ponerse el chaleco y cuando salimos para la cubierta nos dimos cuenta de que ya estábamos navegando. ¡Qué sensación más placentera! 

Una vez acabado el simulacro, más vueltas por el barco mmm nos fuimos hacia proa notando la suave brisa del mar y nos quedamos allí un buen rato mirando cómo surcábamos el mar...el capitán nos saludó desde la sala de mandos...¡Buenas tardes don Ivo!

Después de algún cóctel, duchita y cenita. Teníamos el segundo turno de cena, por lo que si queríamos ver el espectáculo lo teníamos que hacer antes de cenar. El primero y el último siempre es recomendable verlos, te dan mucha información acerca del barco. Aunque es la misma que te ofrecen el en diario de a bordo. Nosotros la verdad es que vimos muy pocos espectáculos. Preferíamos disfrutar del mar  :) 
En la cena tienes un restaurante, una mesa, un camarero y unos compañeros asignados. De modo que cenas todas las noches en el mismo lugar y con las mismas personas. Intentan agrupar a personas con características comunes: edad, procedencia geográfica, estado...Unos cracks nuestro camarero Willy y su ayudante Rosario. ¡Qué simpáticos y qué buenos ratos nos hicieron pasar! Nuestros compañeros de mesa también muy apañados, una parejita como nosotros, recién casados, de Cádiz. 
Uno de los entrantes de esa noche, buñuelos de queso mmmmm riquísimos:



Un poquito de discoteca y camita, que al día siguiente nos aguarda Villefranche y Mónaco.

(Si quieres leer la versión de mi marido de este día, pincha aquí)

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